El amor a Dios y el amor a los hermanos son efectivamente inseparables, como nos lo ha recordado la primera carta del apóstol San Juan:"En esto conocemos que amamos a los hijos de Dios: si amamos a Dios y cumplimos sus mandamientos" (I Juan 5, 2). El apóstol nos recuerda aquí la verdad del amor, indicándonos que su medida y su criterio radican en la observancia de los mandamientos ". (Juan Pablo II, en la misa de Canonizacion de Santa María Faustina Kowalska, 30/4/2000).
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